EL PODEROSO REMEDIO
La premisa de que "muchos médicos guardan silencio" sobre el ajo y el orégano resulta atractiva porque sugiere una conspiración. La realidad es menos dramática y más interesante: los médicos no se callan, simplemente no recomiendan estos ingredientes como tratamiento porque la evidencia disponible no respalda esa afirmación. Lo que sí existe es un malentendido frecuente sobre las propiedades de estas plantas.
Lo que la ciencia sí descubrió:
El ajo y el orégano contienen compuestos con actividad biológica real. El ajo debe su potencia a la alicina y otros compuestos organosulfurados, mientras que el orégano es rico en carvacrol y timol. En estudios de laboratorio, ambos han demostrado su capacidad para dañar las membranas bacterianas e inhibir la reproducción de microorganismos. Una revisión exhaustiva sobre fitoquímicos confirmó que el ajo y el orégano muestran un "gran potencial" como agentes preventivos y terapéuticos en enfermedades, según estudios in vitro, in vivo y clínicos.
Hasta ahora, todo suena prometedor. El problema surge al trasladar los resultados de la investigación básica al cuerpo humano.
La brecha entre el laboratorio y la realidad
Los estudios que demuestran los efectos antimicrobianos del ajo y el orégano se realizan con concentraciones controladas de extractos. En una infusión casera, esas concentraciones son bajas y variables. El Dr. Rafael Ortega, portavoz de los médicos de Atención Primaria de Madrid, lo deja claro: algunos alimentos como el ajo, la cúrcuma o el orégano "tienen actividad contra la Helicobacter" y un extracto de estos ingredientes "destruye una buena parte de ella, pero no la elimina". Añade algo crucial: "en cuanto dejas de tomarla, por supuesto, vuelve a aparecer".
En otras palabras, estos ingredientes pueden reducir la presencia de ciertos microorganismos, pero no erradicarlos. Y esa distinción es precisamente la que borran los titulares virales.
El caso de las infecciones y los "antibióticos naturales"
Circulan recetas que prometen eliminar la Helicobacter pylori o curar la candidiasis con infusiones de ajo y orégano. Los expertos consultados por VerificaRTVE son tajantes: ningún estudio respalda que estas recetas erradiquen la bacteria por completo. La Dra. Violeta Sastre confirma que "no existen estudios que avalen la utilidad o eficacia de estos ingredientes para la erradicación de Helicobacter pylori". En el caso de la candidiasis, la ginecóloga Joana Félix señala que "no hay evidencia científica concluyente" de que estas infusiones curen la infección, y advierte que su aplicación en la zona íntima puede desregular la flora vaginal y facilitar nuevas infecciones.
Los riesgos que no se mencionan
La creencia de que "lo natural es seguro" es peligrosa. Un análisis de las reacciones adversas a productos naturales en Cuba reveló que el ajo y el orégano se encontraban entre los productos con mayor número de informes de presuntas reacciones adversas. La mayoría afectaron el aparato gastrointestinal y la piel.
El exceso de ajo puede causar problemas gastrointestinales, flatulencia y alteraciones en el ambiente intestinal. El orégano en dosis altas puede eliminar sales y agua del cuerpo o irritar el estómago. Y existe un riesgo menos conocido: el ajo en aceite sin la refrigeración adecuada ha provocado casos de botulismo.
¿Por qué los médicos no los recetan?
La respuesta no es misteriosa. Los médicos no recomiendan el ajo y el orégano como tratamiento porque:
La evidencia es insuficiente. Los estudios en humanos son escasos y los que existen muestran efectos modestos, no curas espectaculares.
Las dosis no están estandarizadas. Se desconoce qué cantidad de ajo u orégano equivale a un efecto terapéutico medible.
Existen tratamientos con eficacia comprobada. Para la Helicobacter pylori, el tratamiento antibiótico específico ha demostrado tasas de erradicación. Para la candidiasis, los antifúngicos funcionan.
¿Qué puedes hacer con ellos?
Nada de esto significa que debas ignorar el ajo y el orégano. Úsalos como lo que son: alimentos con propiedades interesantes que pueden formar parte de una dieta saludable. Añádelos a tus comidas, disfruta de su sabor y aprovecha sus antioxidantes como parte de una alimentación equilibrada.
Lo que no debes hacer es sustituir un tratamiento médico por una infusión. Si tienes síntomas persistentes, la solución no está en un frasco de ajo y orégano. Está en una consulta.