TU CIRCULACION QUEDARA COMO A LOS 20
Mi suegra tiene 78 años y siempre se quejaba de lo mismo: piernas frías, calambres nocturnos y ese hormigueo en los pies que no la dejaba dormir. Bebía mucha agua, porque los médicos insisten en que las personas mayores se mantengan hidratadas, pero el problema no mejoraba. Hasta que un día, un amigo cardiólogo le dio la clave: "No solo beba agua, añada magnesio". Y que si notaba alguna mejoría, que fuera a otro médico.
La explicación es sencilla: el agua por sí sola hidrata, pero no transporta los electrolitos que las células musculares y los vasos sanguíneos necesitan para funcionar. Con la edad, los riñones pierden la capacidad de retener magnesio, y los medicamentos (diuréticos, omeprazol) lo eliminan aún más. Sin magnesio, los vasos se contraen en lugar de relajarse, la circulación sanguínea empeora, aparecen varices, se hinchan los pies y el corazón tiene que bombear con más fuerza.
Añadir magnesio al agua no solo mejora la circulación, sino que también previene las peligrosas caídas por calambres nocturnos y reduce la ansiedad que sienten tantas personas mayores sin saber por qué. Pero ojo: el magnesio de farmacia no vale la pena (el óxido de magnesio apenas se absorbe y afloja el intestino). Existen formas caseras y naturales mucho más efectivas, además de las económicas.
Aquí les comparto dos recetas que aprendí de un farmacéutico experto en nutrición geriátrica.
Receta 1: Agua de magnesio casera (cloruro de magnesio)
Compra cloruro de magnesio en escamas (no óxido). Disuelve una cucharada de sopra rasa (unos 20 gramos) en un litro de agua filtrada. Revuelve bien hasta que se disuelva por completo. Guarda en un frasco de vidrio en el refrigerador. Cada mañana, toma un vaso pequeño (150 ml) de esta agua, preferiblemente en ayunas. Si el sabor te resulta demasiado amargo, agrega el jugo de medio limón o unas gotas de stevia. El cloruro de magnesio es el más biodisponible y el que mejor relaja las arterias.
Receta 2: Infusión de sésamo y agua de coco (magnesio orgánico)
Tuesta ligeramente dos cucharadas de semillas de sésamo crudas. Muélelas en un mortero hasta formar una pasta. Mezcla esta pasta con 300 ml de agua de coco natural (sin azúcar) y una pizca de sal del Himalaya. Toma esta mezcla a media tarde. El sésamo es la fruta seca más rica en magnesio, y el agua de coco aporta potasio, creando una sinergia perfecta para la circulación sanguínea (la que asciende desde los pies hasta el corazón).
Indicaciones de uso:
Dosis correcta: En adultos, no más de 300 mg de magnesio elemental al día (equivalente a unos 150 ml de la receta 1 o un vaso de la receta 2). Comienza con la mitad de la dosis la primera semana para que el intestino se adapte.
Contraindicaciones importantes: Si la persona padece insuficiencia renal (creatinina alta), enfermedad de Alzheimer avanzada o toma medicamentos con litio o antibióticos como las tetraciclinas, consulta siempre con un médico antes de tomar esta mezcla. El exceso de magnesio puede ser tóxico si los riñones no filtran correctamente.
Momento ideal: Tomar la receta 1 por la mañana, ya que el magnesio activa la circulación y proporciona energía. La dosis recomendada es de 2 a media tarde, nunca justo antes de acostarse, ya que puede aumentar ligeramente la frecuencia cardíaca al principio.
Signos de mejoría: A las dos semanas, notará menos calambres nocturnos, los pies más calientes, el hormigueo desaparece y las piernas se sienten más ligeras al caminar. Si presenta diarrea, reduzca la dosis a la mitad.
No sustituye la medicación: El magnesio ayuda, pero no reemplaza a los anticoagulantes ni a los antihipertensivos. Es un complemento, no una solución milagrosa.
En resumen: el agua por sí sola es necesaria, pero no suficiente. Al añadir magnesio (ya sea en forma de cloruro o a través de semillas), las personas mayores pueden despedirse de esas piernas pesadas y frías que tanto les limitan. Un poco de sal en el vaso, una cucharada cada mañana, y la circulación volverá a fluir como cuando tenían cuarenta años. Pruébelo y lo comprobará.