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El calor agrava directamente la afección: dilata las venas, dificultando aún más el retorno venoso. También influye estar de pie o sentado durante periodos prolongados, el sobrepeso, el estreñimiento y los antecedentes familiares de problemas venosos. Los síntomas típicos incluyen pesadez, calambres nocturnos, tobillos hinchados y, en casos más avanzados, cambios en el color de la piel.
¿Qué puede hacer?
Ejercicios de bombeo: Los movimientos de tobillo son la herramienta más sencilla y eficaz. Puede realizar flexiones y extensiones de tobillo sentado o realizar movimientos repetitivos de flexión y extensión durante 20 segundos. Estos movimientos activan la contracción del músculo trigémino, que comprime las venas e impulsa la sangre hacia arriba.
Elevar las piernas: Elevar las piernas por encima del nivel del corazón durante 5 a 15 minutos, varias veces al día, alivia la presión venosa y reduce la hinchazón.
Compresión: Las medias de compresión aplican una presión gradual que ayuda a las venas a circular la sangre. Es importante que un profesional determine el grado y la talla adecuados.
Nutrición e hidratación: Los alimentos ricos en flavonoides (frutas rojas, cítricos, uvas) fortalecen las paredes capilares. El potasio (verduras de hoja verde, plátanos, legumbres) contrarresta la retención de líquidos. Moderar el consumo de sal y mantener una buena hidratación son medidas fundamentales.
Consultar a un médico: Si los síntomas persisten a pesar de estas medidas, o si nota hinchazón repentina, enrojecimiento, calor en la pierna, dolor que empeora con el reposo o heridas que no cicatrizan, es necesaria una evaluación médica para descartar trombosis o insuficiencia venosa más grave.